jueves, 9 de julio de 2020

La presencia del pensamiento nacional y el peronismo en Megafón o la Guerra



 Prof. Araceli Ibáñez
ISP Joaquín V. González
CEHPNAL



(El presente trabajo es una adaptación del escrito en el marco de la Maestría en Historia UNTREF N.d.R)

Introducción
Sabemos que muchas de las obras de Leopoldo Marechal están atravesadas por el peronismo como Antígona Vélez, El banquete de Severo Arcángelo, etcétera. Este trabajo no pretende ser una investigación original sobre la obra de Marechal, si no intenta ser una mirada más sobre la influencia del contexto histórico en los escritos del autor, puntualmente hacia el final de su vida con Megafón o la Guerra. La primera edición es publicada en julio de 1970 y la segunda en septiembre del mismo año por la editorial Sudamericana. En el espíritu de darle una impronta no fuertemente cargada de análisis o simbolismos previos, se decidió tomar la estructura narrativa y de análisis de Maturo sobre Leopoldo y Marechal. De esta manera se ensayará una suerte de estudio preliminar y acotado sobre los aspectos discursivos más salientes en la novela, que entraman una red de complicidad con el lector con respecto a la historia reciente del país y el pensamiento nacional.  Esto nos acercará al modelo también utilizado por Jablonka respecto a la relación causal entre narrativa e historia, la literatura como instrumento, como herramienta de la historia[1].
           Tampoco pretende ser un análisis de investigaciones previas, sino que se intentará hacer una lectura más sobre la relación entre: escritor, público, producción escrita, y categorías analíticas propias de las ciencias sociales (dictadura, censura, peronismo, revolución, etcétera). No tiene el objetivo de ser un análisis literario ni discursivo si no, como lo estructura Maturo, tomar esa colección de personajes imposibles y ubicarlos en los periodos históricos a los que metafóricamente o no, hace referencia el autor. Dice Maturo:
“Lo que se ignora o se echa en olvido es que Juan Domingo Perón había merecido ya una novelización importante en los años 70: me refiero a la novelística del llamado boom latinoamericano, y con anterioridad a este, a la narrativa y teatro de Leopoldo Marechal. No es este el momento de demostrar que el boom fue un operativo político-literario lanzado y publicitado alrededor de 1970, con anterioridad al retorno de Perón. Supuestamente había existido una reunión entre Perón o sus delegados con un grupo de escritores, auspiciada por el editor Carlos Barral. El operativo dio como resultado un grupo de novelas de diversa calidad, publicadas entre los años 1972 y 1975. Por mi parte, he dejado a otros esa investigación digna de hacerse y he preferido el análisis y la interpretación de las obras[2].
Está enmarcada en una temporalidad que abarca el espacio comprendido entre 1955 a 1969, ya que la novela se sitúa en dicho trayecto. Y por último cabe preguntarnos si la obra de Marechal, por sus guiños hacia la militancia tiene carácter popular dentro del contexto de producción.  Cuando nos referimos a lo popular lo hacemos en relación a la elección de los personajes, su relación con el pensamiento nacional y a la épica que construye.
 
¿Quién fue Leopoldo Marechal?

Leopoldo Marechal nació el 11 de junio de 1900[3]. Sus abuelos maternos eran vascos (Belaqui/Mendiluce).
Los padres Lorenza Belaqui y Alberto Marechal (uruguayo) se instalaron en Almagro. El padre era obrero metalúrgico en los Talleres Vasena de Avellaneda. Hacia 1910 viven en Villa Crespo. Se recibe de maestro en el Profesorado Mariano Acosta. Trabaja como bibliotecario en la Biblioteca Popular Alberdi de Villa Crespo y ejerce como maestro hasta 1944. En la década del 20 conoce a Güiraldes, Borges, entre otros referentes de Proa donde es integrado más tarde a la segunda etapa de Martín Fierro. En 1926, viaja a Madrid y París como corresponsal y se suma al grupo de intelectuales y artistas de la época. Luego estando en Italia es sorprendido por el golpe de Uriburu, en 1931 vuelve y se sumerge en el estudio y la práctica religiosa. En enero de 1934 contrae enlace con María Zoraida Barreiro, la pareja se instala en Almagro. En 1943 se compromete con la revolución y acepta el cargo de Ministro de Educación de Santa Fe, luego pasa a ser Director general de Cultura.
Luego de 1945 fue Director de Cultura de la Nación, Director de Enseñanza Superior y Artística y Director de Enseñanza de Artística. Ocupa un interinato en la UNLP, en la Cátedra de Literatura contemporánea. En 1947 queda viudo y en 1950 se une a Elbia (Elvia Juana) Rosbaco y en 1951 estrena Antígona Vélez. Anteriormente, en 1948, se había trasladado a Europa, como embajador cultural, escribe Adam Buenosayres y obtiene el reconocimiento público. Para 1955, cambia la suerte de Marechal, ya que, por su participación política y académica durante el peronismo, es apartado del ámbito público e intelectual de la época. Es llamado a colaborar fugazmente con otros perseguidos en la Enciclopedia Jackson. En 1963 comienza a escribir El Banquete de Severo Arcángelo, y para sus últimos años vuelve a cierta popularidad acompañado por los vientos de cambio. En 1967 viaja a Cuba y en 1969 participa en Chile del Encuentro Latinoamericano de escritores y aparece su obra póstuma Megafón o la Guerra. Muere en Buenos Aires el 26 de junio de 1970. Deja como legado tres novelas, seis cuentos, once libros de poesía, seis obras de teatro y varios ensayos sobre el arte y la belleza, así como temas relacionados con la fe y el hombre.

Cómo influye el pensamiento nacional en Marechal

Durante los años anteriores y posteriores al golpe de estado que destituyó al gobierno de Juan Domingo Perón, muchos intelectuales, escriben y se interpelan acerca del peronismo. Para ello vamos a explicar las ideas de algunos representantes del pensamiento nacional en sus diferentes vertientes, de manera de tener una mirada rápida sobre las discusiones políticas e intelectuales de la época acerca de la influencia del peronismo sobre la masa popular y su representación. De esta manera se verá no sólo un posicionamiento en cuanto al aspecto político, sino también cultural que es una de las claves de los escritos de Marechal, conjugar política y cultura construyendo en Megafón o la Guerra un análisis epistemológico de la historia reciente. Si tomamos a  Puiggros[4] como un referente que intenta comprender el fenómeno,  entiende el surgimiento del movimiento peronista y el partido justicialista como un hecho ineludible dentro del contexto posterior a la segunda guerra mundial. Con la caída de los gobiernos totalitarios y el surgimiento del mundo bipolar, el peronismo expresa la posición de los movimientos de masas nacionalistas de los países coloniales, dependientes y oprimidos, que no se alinean a la URSS, ni a EEUU, desde el punto de vista ideológico. La característica primordial del peronismo (que surge como antítesis de todo lo anterior), según Rodolfo Puiggros, es haber comprendido los problemas nacionales y haber resuelto varios de ellos, en una estrecha relación con los diferentes actores sociales en pugna. De esta manera, cuando se necesitó socavar el poder del gobierno, la Iglesia, los intereses externos y la agitación de la oposición, fueron el resultado de las necesidades ideológicas de las potencias imperialistas, para terminar con la autodeterminación económica y política por la que avanzaba el peronismo.
Hernández Arregui[5] analiza la cultura nacional y popular de la masa obrera,
frente a la cultura colonizada de las clases antinacionales, relacionada dialécticamente con la educación. De esta manera entiende la visión y la enseñanza de la historia como un instrumento de clases dominantes en su réplica de entender el poder. Marechal hace referencia a la construcción de una historia oficial como un trabajo de imaginación en prosa. Desde ese punto de vista realiza una revisión de la historia concebida como un elemento de las oligarquías de los países en oposición a la conciencia nacional y a las masas, en el caso de las masas argentinas que representan a la cultura nacional. Muestra entonces, la recuperación de los estudios sobre el caudillismo y el concepto del caudillo en la historiografía latinoamericana, intentando revisar el concepto negativo o antinacional del mismo. Esta figura del caudillo es recuperada en Megafón, a través del liderazgo del Oscuro de Flores (Perón por momentos) como el cabecilla de Las Dos Batallas.  Entiende al peronismo como constructor histórico de la conciencia nacional, que es aquella historicidad que el peronismo le imprime al desarrollo político del país. Entonces, esta conciencia nacional y revolucionaria es la respuesta a la ideología extranjera e interna. El peronismo responde a la composición nacional, arraigada en el interior, en las provincias, en los sectores más humildes, en los personajes que reelabora Marechal e identifica con lo popular, los trabajadores cuchilleros, el club, el cura Frazada, los tangueros entre otros.
El desplazamiento forzoso del sector luego de 1955, su transformación, ocultamiento o resistencia son temas que no dejan de ser fruto de estudio. También podemos mencionar el aporte de Abelardo Ramos[6] en el mismo sentido, la mirada del pensamiento nacional dando respuesta al fenómeno popular.
Estos son los elementos que atraviesan Megafón o la guerra a través de las diferentes figuras creadas por Leopoldo Marechal. Ellas encarnan los sectores que en permanente tensión trascienden el período histórico señalado.
             También el factor religioso y profético aparece como un referente ideológico necesario para entender la profundidad de la obra del autor.

Organización de la novela

La novela no está ubicada cronológicamente en un año específico, pero hay recurrencia es posicionarse luego del 55 y en un gobierno no democrático. En el anteúltimo capítulo uno de los personajes secundarios fraulein Olga dice. “vean el editorial de hoy ¡Alsogaray nos quiere matar de hambre![7]. Tal vez lo que vemos es una
forma opcional de ver el tiempo en el relato. una temporalidad que trasunta las dictaduras, que camina entre la Revolución Libertadora y la Argentina como un mismo espacio. Desde el punto de vista de la estructura, un Introito y diez Rapsodias, sirven como esqueleto al texto. La columna vertebral es la batalla que se debe librar a favor de la patria y contra la ignominia de la indiferencia. El problema está representado por los gobiernos antipopulares y antidemocráticos que sumieron al país en el estado de cosas que Marechal describe como drama nacional. Aunque ese combate aparece con pocas posibilidades de llevarse a cabo exitosamente, el autor crea una serie de personajes, alguno de los cuales ya aparecen en otras de sus obras, que formarán parte del ejército rebelde. El relato está llevado adelante por el “poeta depuesto” (el propio Marechal). Quién lidera la tropa es Megafón, también llamado el Oscuro de Flores, para Graciela Maturo es un personaje compuesto: líder y profeta, Teseo, Ulises, Orfeo, Cristo, Dionisos, Perón y el propio Marechal. Su pareja Patricia Bell, secundado por Samuel Tesler (aparentemente el poeta Jacobo Fijman), Capristo, Barrantes y Barroso. Luego van apareciendo toda una serie de personajes secundarios que van completando la trama e interactúan con el elenco, la Novia Olvidada (la patria, Evita, la militancia, la representación de la lucha) según Maturo la personificación de Helena; el rico del Evangelio o Creso, el economista (posiblemente Alsogaray), el General González Cabezón el Gran Oligarca, Troiani (militar), el Obispo Frazada, entre otros. La definiciòn del conflicto donde se llevará la gran batalla, y donde el personaje encuentra la muerte es el Chateau des Fleurs, el prostíbulo Caracol de Venus o la Espiral de Tifoneades.

Marechal y los personajes: la política como arte de ocultamiento

En la obra de Marechal, podemos observar el trabajo de un arqueólogo, que va relevando de la historia, las piezas clave que van recreando un momento y un espacio. La posibilidad de recurrir permanentemente a la metáfora, la fantasía y la locura, le otorga las palabras adecuadas para leer la realidad en una doble lectura libre y mordaz. Alternadamente se va a recurrir a la comparación con otros escritos como Antígona Vélez, Heptamerón o El banquete de Severo Arcángelo ya que nos sirven para anclar en las temáticas con las que trabaja. En Megafón habla de las dos partes del país: el peronismo y el anti peronismo, cortadas por el Gran Cirujano, la política, la ideología, la incomprensión.  La partición se ejecuta de manera persecutoria, plantea el autor, desde junio donde todo está “depuesto”.
Para afrontar la batalla hay que aprovechar la antinomia latente en la Argentina como “River&Boca” y la violencia explícita que ejerce esa alteridad.  En el Introito de Megafón o la Guerra dice. “Tampoco nos es ajena la ocultación de cadáveres peligrosos, y si no que lo diga Eva, la gloriosa y doliente muchacha[8], con la cita a Eva Perón, muestra la violencia encarnada en el ocultamiento y la erradicación del otro que implicaba esa guerra a la que se enfrentaba el personaje. El cadáver desaparecido de Eva durante la dictadura de la Revolución Libertadora entendido como fetiche, amuleto, reliquia es tomado como posibilidad de imitación al momento de la muerte del Oscuro de Flores, además de otras acepciones trabajadas por Maturo. El cuerpo no debía ser hallado, entonces toma de la figura de la clandestinidad impuesta para los símbolos desde 1955 la resolución del problema de la humanidad física del héroe. La referencia histórica es acertada por varias razones, la fundamental es porque hay una vivencia personal de Marechal sobre la invisibilidad física de su figura como intelectual durante todo el período posterior a la caída de Perón. La lucha armada, la violencia como acto político y denuncia social, es expresada implícitamente en toda la obra. La patria es una preocupación constante para el autor, no como una construcción institucionalizada, sino atravesada por la cuestión política y enraizada en el vínculo con el pueblo y con el pensamiento nacional. Se observa esto en gran parte de sus escritos, pero en Heptamerón, define sus principios:
La patria es una niña de voz y pies desnudo/yo la vi talonear los caballos fresones/en tiempos de labranza/ o dirigir los carros del estío/con las piernas al sol y el idioma en el aire/los hombres de mi estirpe no la vieron/sus ojos de aritmética buscaban el tamaño y el peso de la fruta/La patria era un retozo de niñez en el Sur aventado/en la llanura tamborileante de las ganaderías/yo la vi junto al fuego de las yerras/¡estampaba sus risa en los novillos!/ o junto al universo de las ovejas/ y la copla en las dulces guitarras de septiembre[9].
En este sentido, la patria, el país, la política, el futuro, la ética, el amor, son ejes por los que pivotea esta creación literaria. Retomando las formas del desarrollo de la guerra, la violencia es presentada en la Rapsodia 1 cuando el protagonista, comienza a pensar en sus acompañantes para la Odisea. A partir de los fusilamientos de junio[10] concibe el Plan de las dos Batallas (donde perfila el comando táctico y el estratégico) y pergeña la huida de Tesler para reunirlo en la batalla, como se hiciera con los presos políticos en el sur durante la dictadura de Aramburu. Esta forma de intervenir en relato narrativo a la historia política del país -la huida, la fuga- de forma casi permanente, es un mecanismo que permite entender el final de la obra. Dice Leopoldo Marechal: “El móvil de la asombrosa elección era la circunstancia por demás feliz de que Samuel Tesler hubiera logrado en sí mismo la plenitud de los Dos Testamentos, lo cual hacía del filósofo un militante nato de la batalla Celeste”[11], en este sentido explica que este equilibrio al que había llegado Tesler (encerrado en un manicomio) era el elemento que necesitaba para otorgarle al enfrentamiento un carácter subliminal. Es muy ingeniosa la idea de buscar realidad en un guerrero que está encerrado en un psiquiátrico, ya que esto pareciera condenar al fracaso desde el mismo momento de su concepción a las Dos Batallas.  Realiza un estudio sobre las posibilidades presentar la contienda, y describe las debilidades de la dictadura y las oportunidades que presenta para la oposición, la reorganización de la población en forma de resistencia.
Se manifiesta el vacío de custodia exterior, ya que las fuerzas policiales, entregadas a la sola tarea de fumigar estudiantes y apalear obreros, dejan un sabroso margen operativo a los asaltantes de Bancos (...) Una revolución -decía el Oscuro- no vale tanto por su doctrina cuanto por las aberturas que ofrece a lo posible[12].
En su estrategia, Megafón deja sentada una guerra, por eso se aparta de la idea de la “desobediencia civil” de Gandhi (a quien cita en el libro), no hay lugar para el pacifismo. Es una mirada interesante de la época, donde la violencia instalada, ejerce una fuerza propia direccionada hacia la oposición y el oficialismo. No hay espacio para acciones de la naturaleza que planteaba Mahatma Gandhi, sino de objetivos revolucionarios en todos los sentidos.
Este reordenamiento pensado para mediados de los años sesenta y setenta, se vincula con las organizaciones armadas que comienzan a mostrar sus tensiones y contrapesos con el Estado. Los intelectuales ligados al compromiso político, presentan una alternativa diferente al peso con el que gravitaban años atrás. Esto lo podemos observar con Ehrlich[13] en “De la periferia al peronismo”, donde propone un trabajo que invita a reflexionar acerca de la relectura de la relación entre peronismo y cultura en su primera etapa y el salto cualitativo de escritores y editores hacia el campo popular de la cultura. El cambio cronológico lo observamos en los análisis de Silvia Sigal, en La pluma y el fusil o Beatriz Sarlo en La batalla de las ideas, por citar algunos autores que estudian el periodo posterior desde categorías analíticas como la del “intelectual comprometido”, donde el compromiso laboral se entrelaza con la lucha armada y/o la militancia política.
En la Rapsodia II, comienza a bosquejar, retomando lo planteado inicialmente la estrategia de combate. “La guerra no sería frontal ni multitudinaria[14], si no operaciones comandos, vuelve a la idea de grupos, de acciones atomizadas, pero que creen conciencia (las Dos Batallas se trasladaron más tarde a dos organismos que residen en Villa Crespo -la praxis- y Flores -estrategia-). La activación política de la lucha está atravesada por el conocimiento del enemigo. A lo largo de toda la obra desfilan múltiples personajes, típicos porteños, políticos despreciables, musas inspiradoras que, interpelados por el lenguaje político, recrean las discusiones de la época. La aparición de Troiani, el militar, el teórico de junio, es uno de ellos.
Los militares fracasan en el gobierno civil (...) no entienden a la civilidad (...) ahora solo nos quedan tecnócratas de la masacre y el genocidio (...) El pueblo recoge las botellas que se tiran al agua con mensajes de naufragio. El pueblo es una gran memoria colectiva que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido. Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria[15]
La historia argentina está advertida en cada una de las frases del libro, la obra de Marechal está tan impregnada de realidad como de magia. Busca minuciosamente en cada palabra el significado que lo remonte a la coyuntura socio política de los cincuenta y sesenta. Explora en cada uno de los detalles que pintan una generación y un momento de cambios profundos. Los jóvenes de ese momento “enjambres de niños hombres” visten “vaqueros, blusas coloreadas y zapatos de básquet”. Esta alteridad que describe con las nuevas generaciones las pone en palabras de Troiani ”yo soy un héroe de ayer enredado en telarañas de museo, y él busca peleadores de Dos Batallas que se darán en el futuro”[16] Los jóvenes son los que deben recuperar las botellas que refresquen la memoria. Esta frase no puede solo argüirse a una mera coincidencia, la observancia de un intelectual, políticamente marcado le mostraba el reloj de los tiempos que estaban corriendo. La lucha de la Resistencia, el Levantamiento de Valle, quedaban atrás ante las formas de organización de los setenta. Como plantea Marechal “lograr una toma de conciencia en los actores o responsables del drama nacional”, esa concientización era el estímulo de las Dos Batallas. De esta manera pone en tela de juicio el relato histórico oficial haciendo una crítica en clave nacional, cuando dice:
En realidad Barrantes y Barroso, con su genio se adelantan a los cronistas de hoy que intentan convertir la Historia Contemporánea en un trabajo de imaginación en prosa, lo cual hace que sea cada vez más ininteligible nuestro hermoso y enquilombado mundo”[17] (....) “la Historia Universal se tejió siempre, no en el escenario visible del mundo, sino en sus misteriosas bambalinas”[18]

Megafón: entre la historia y la profecía

Se puede observar desde el comienzo de la obra, la necesidad de identificar esos personajes con la intensidad de la política argentina, atravesada en ese momento por dictaduras, que como ya se dijo, intensificaban cada vez con mayor ahínco la violencia y la persecución apoyada en un contexto internacional cada vez más complejo. La obra conserva por momentos, el ambiente del primer peronismo y también retoma algunos personajes antológicos de Adán Buenosayres.
La referencia al anonimato al que fue condenado por sus colegas y la Academia, como ya lo dijimos atraviesa toda la novela y permite establecer un paralelo antagónico, de dos rectas in-confluyentes con la línea intelectual argentina. Realiza una crítica contundente sobre los medios de comunicación y su posicionamiento ideológico. La importancia que esto tiene en su vida personal del autor, no es obviada en sus textos en Megafón o la Guerra dice de Capristo, otro de los personajes: “Es un ser casi humano, resistente a la humedad, a los editoriales de la prensa y a la oratoria de los demagogos al pedo”. Esta alusión es casi biográfica, sabemos que fue ignorado durante años y criticado en el mundo de la literatura y la cultura en general, por su adscripción política.

Ha dicho Mujica Laínez a Elbia Rosbaco sobre Leopoldo Marechal
“La puerca política nos distanció un tiempo, (...) más no bien se aclaró el horizonte y comenzamos a ver de nuevo en la bruma, nos descubrimos intactos y comprendimos cuánto más valían la consideración y el respeto mutuo que no habían cesado de arder como un rescoldo, que el azar de las circunstancias pasajeras, tan distantes en el fondo, de nuestras respectivas obras, las cuales al fin  y al cabo, lo que quedará de nosotros”.[19]
 La aparición de Megafón o la Guerra, asoma como un colofón y una necesidad en la carrera de Marechal, aplaudido por Adam Buenosayres y más tarde sentenciado al ostracismo. De esta manera explica que esta épica que se emprende será para “lograr una toma de conciencia en los actores o responsables del drama nacional[20]. Este drama es el devenir histórico, es justamente la historia argentina que urdida por autores antipopulares, para el autor, se enfrenta a sus consecuencias. ¿Dónde pervive en el autor la década del 40 y 50 como momentos idílicos, en contraposición a esta realidad viviente? Podemos citar algunos momentos como la referencia al Club del barrio creado en 1948, integrado por “cabecitas negras” que constituían el ser nacional, donde el Jefe (Perón) los convoca.  Aquí es donde Marechal teoriza sobre las Dos Batallas: la patria es una víbora porque es un animal del suceder, con hábitat extendido que cambia de peladura donde habita un cascarón viejo y uno nuevo que batalla por salir. Entonces, plantea el Oscuro de Flores, es el momento de cambiar la historia: “¡las papas queman en la República!..Megafón-¡las papas no queman (...) no existen aquí de ningún modo, ya que los infames acaparadores las han sustraído de la canasta familiar”[21], El discurso vuelto ahora hacia la masa, parece un discurso propuesto por Perón (personaje compuesto al que refiere Maturo). Los acaparadores, son los mismos que, enfrentados al gobierno en la segunda presidencia, protagonizaron el lock out patronal, que provocó el desabastecimiento de granos, y otros productos. Este ida y vuelta permanente en las vías (rieles) del proceso histórico que construye el autor para sostener el porqué de la batalla que debe librar, logra interpelar permanentemente al lector como sujeto histórico. Esta participación del individuo en el desarrollo histórico, es la condición que convierte a la novela, en un relato aprehensible para la historia.
“Las novelas de Marechal revelan su potente originalidad y su actualísimo mensaje de profecía. La historia de la salvación aplicada a la historia concreta de nuestro pueblo hace esperable una época de profundos cambios, con la caída de las viejas estructuras y el renacimiento de la patria; como una víbora que emerge con su nueva piel, por citar una de las imágenes de Marechal”[22]
Todas estas interpretaciones, nos llevan a pensar en Marechal, no solo como un escritor abocado a las novelas, a las obras de teatro y a los artículos de crítica literaria, sino a la de un intelectual comprometido con la historia y la realidad de su país, donde no solo muestra los acontecimientos, sino que intelectualiza sus desavenencias y discierne sobre sus posibilidades. Megafón o la Guerra plantea desde la locura la batalla sobre la razón, la materialidad y la certidumbre, que se ciernen sobre “el drama nacional”. En este sentido en curioso diálogo entre demonios y tangueros aparecen frases como “poner música al bigote sin humanidad de los generales “o “- ¿no estamos en una democracia -yo le preguntaría cuándo votó por última vez”. Estos diálogos que por momentos se tornan delirantes conviven perfectamente con estas bocanadas de actualidad que ponen en términos históricos los diálogos.
Tal es así que en Megafón retoma una visión de Buenos Aires puesta ya en El banquete de Severo Arcángelo. Hablamos de Buenos Aires, porque el volumen de la obra de Marechal está compuesta por personajes porteños y sitios emblemáticos de la ciudad, muchas veces recreados en otros mágicos lugares. En El Banquete…, lleva al plano de la discusión polìtico-històrica, la cuestión de Buenos Aires, hecho que como veremos se reinterpreta en la novela que estamos analizando.
Algunas veces -comenzó a decir Farías_ he pensado que la concepción del banquete monstruoso, tal como lo dio Severo Arcángelo solo pudo cuajar en Buenos Aires, porque Buenos Aires en razón de su origen y de sus  todavía frescos aluviones, no es una sola ciudad, sino treinta ciudades adyacentes y distintas, cada una de las cuales aprieta su mazorca de hombres y destinos en interrogación”[23]
En este permanente diálogo con la historia, retoma esta posición política acerca de la construcción de ciertas representaciones con respecto a Buenos Aires, discute acerca del sistema federal y el peso de esta ciudad como centro neurálgico de la toma de decisiones. Pero, la capital y sus espacios son los escenarios donde se desarrolla Megafón o la Guerra, uno de los tramos más interesantes lo representa “el rico del Evangelio”, que incluido dentro de la “Operación Aguja”, aparece en el edificio emblemático del Cabildo abierto de 1951[24]. Oligarquía y riqueza en el espacio-público de la movilización masiva y popular ligada a los humildes y los obreros, es otro de los guiños interesantes que plantea el autor. Marechal vuelve a interpelar históricamente al lector, con una mirada tan crítica como política. La intencionalidad de estas escenografías donde se dan cita las pequeñas batallas, los encuentros con el pasado y con el presente que personifican cada una de las figuras que son traídas por la narración y por el Oscuro de Flores, es la de darle basamento a esa revolución que plantea el protagonista. Otro de los actores que aparecen es el “Obispo Frazada” (por llevar frazadas a los pobres), quien se había opuesto a participar de la procesión de Corpus Christi, que había caracterizado una de las líneas más duras del antiperonismo y como consecuencia fue expulsado de la Catedral: ¡Organizaban la muerte de un líder y la derrota de los pobres![25]. Se organizaron ollas populares y huelgas llevadas adelante por “trabajadores cuchilleros”. “Más atrás veo un círculo infantil de ocho cabecitas negras cuyas miradas parecen atarse al movimiento giratorio del cucharón en la olla (...) ocho caras infantiles que debieran reír junto a la olla y no lo hacen”[26]La comunión entre obreros y los más pobres se ve reflejada en algunas referencias que dichas al paso por el Padre Gayoso, que posiblemente represente, más adelante  a los curas villeros, tienen la contundencia de la denuncia: “Es que los camioneros del mercado, al descargar sus camiones y verme recoger los desechos en el piso, dejan caer adrede la mejor cebolla y la batata más grande”.

La muerte del héroe y su legado
La referencia religiosa atraviesa toda la novela y también la vida del autor. En Antígona Vélez, Maturo señala la imagen de una Argentina redimida por el sacrificio, en Megafón el país debe ser salvado por un acto heroico-profético. El Oscuro de Flores encuentra la muerte en el Chateau, tratando de librar la batalla y recuperar a la Novia Olvidada, Lucía Febrero. Su cuerpo es mutilado y esparcido de manera de no ser hallado. Esa referencia simbólica está atravesada tanto por la mitología griega como por la propia historia latinoamericana (Túpac Amaru), y también recorre la idea de los cuerpos exiliados. Cuando finalmente Patricia Bell logra reconstruirlo luego de una tarea titánica, no logran hallar los genitales.      Un cortejo fúnebre acompaña los restos de Megafón y se escucha:
“....Ciudad que recompensas a tus héroes quemados[27]
solo con el destierro y el olvido de la muerte.
Aquí está Megafón: sepultado en tu tierra
será el germen que anime las futuras batallas”

Luego también muere de amor Patricia Bell y el filósofo Tesler. Hacia el final vuelve con la idea de aquello que depara el futuro. De manera irónica y utilizando el humor plantea la peligrosidad revolucionaria que implica completar la amputación de Megafón. Se evidencia una preocupación que venimos señalando, sobre el destino del país, que trasunta la obra del autor, Fermín Chávez, cita a Marechal
“…creo que actualmente hay dos Argentina una en defunción, cuyo cadáver usufructúan los cuervos de toda índole que la rodean, cuervos nacionales e internacionales; y una Argentina como en Navidad y crecimiento que lucha por  su destino y que padecemos orgullosamente los que la amamos como una hija” [28].
Como ya lo señalamos anteriormente, Megafón o la Guerra, fue escrita en el final de los años sesenta y publicada póstumamente. Contiene el recorrido histórico vivido por el autor y evidencia ciertos cambios que proyecta sobre su relato. las Dos Batallas son el germen de lo que está por venir, para poder terminar con el drama nacional.

Conclusiones

Megafón o la guerra está concebida como la obra póstuma del autor, pero también como un colofón dentro de una serie de novelas y obras de teatro que apuntan a entramar la historia argentina con la literatura. En esta se evidencia la preocupación del Leopoldo Marechal por el destino político del país sumergido en una dictaduras y gobiernos burocráticos autoritarios que se distancian de los principios democráticos. La impronta ideológica y su compromiso político fue un rasgo que llevó a Marechal a ser apartado de la vida intelectual como el mismo se definía un “poeta depuesto”. ¿Por qué Megafón o la guerra, puede ser leído en términos políticos y populares? La obra está poblada de personajes que, en diálogos delirantes, muestran las preocupaciones básicas del pueblo y la masa popular: la pobreza, la riqueza inequitativamente distribuida, las desavenencias económicas, el exilio del líder. Hay una constante referencia al peronismo al que deben salvaguardar de los gobiernos de turno.
La novela está escrita en complicidad con el lector, ya que las constantes referencias históricas en torno a los destinos del país luego del golpe de Estado de 1955, fuerzan a haberlo vivido o a formar parte de ese colectivo popular que, para esa época, fines de los sesenta, luchaba por la vuelta de Perón al país y del peronismo en elecciones libres sin proscripción. No leer la obra en este contexto es despojarla del interés que tiene el personaje de Megafón en librar las dos Batallas para concluir con el drama nacional. La batalla que destituya al régimen y la batalla ideológica que imponga el orden político democrático. Estas luchas, como vemos en la obra involucran a todos los sectores en disputa en el discurso político del momento, el oligarca, el burgués, la Iglesia, los pobres, el obrero porteño, etc. Los escenarios elegidos también constituyen lugares simbólicos el club de barrio fundado en 1948, el edificio de obras públicas, el Cavanah, el prostíbulo donde encuentra la muerte el Oscuro de Flores. Si bien la novela aparece como profética en relación a la clandestinidad posterior de las organizaciones políticas y los brazos armados, también conserva el ambiente del primer peronismo, el pensamiento nacional que confluyen en esa época y evoluciona.
Dice Graciela Maturo, que Megafón o la guerra, tal vez no haya sido estudiada en profundidad. Su edición se enmarca en lo que fue el boom de las novelas latinoamericanas que se propagaron entre los sesenta hasta los ochenta, coincidentemente con las alternancias democrático-dictatoriales en estos países. Como afirma la autora, Marechal es leído con entusiasmo nuevamente, pero logra ser revisitado con la vuelta a la democracia[29]. Entre las obras colectivas que lo reivindican podemos nombrar en el año 1991 se edita desde la Biblioteca Nacional (con un fuerte impulso de su amigo Castiñeira de Dios) Homenaje a Marechal y en 2014 el último encuentro sobre su obra que incluyó conferencias y escritos Cacodelphia, presencia de Marechal. Los trabajos transcurren en su mayoría sobre estudios literarios, pero no profundizan sobre las implicancias políticas de esta obra tan particular.  Megafón o la Guerra tiene guiños que sólo pueden ser leídos en términos históricos o de militancia. cargada de un clima de época y una épica popular, contiene giros ingeniosos y suspicaces tanto para los jóvenes lectores, como para aquellos que interpelados por los nuevos tiempos se ven reflejados en el llamado constante de la historia y en un pasado, donde el autor se revela más venturoso.



Bibliografía

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Revistas
Revista, La quinta pata, Mendoza, 24 de abril de 2014, Entrevista a Graciela Maturo
Revista Peronistas, Maturo, G., El peronismo en la obra de Leopoldo Marechal, nº 5, La Plata, 2014.





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[1] Jablonka, I., La historia es una literatura contemporánea, FCE, 2016.
[2] Maturo, G., El peronismo en la obra de Leopoldo Marechal, Revista Peronistas, nº 5, La Plata, p. 104
[3] Biografía basada en los relatos de Maturo en Maturo, Marechal el camino de la belleza, Biblos, 1998.
[4] Puiggros, R., Las izquierdas en el proceso político argentino, versión Untref Virtual., 10
[5]  Hernández Arregui, J., La formación de la conciencia nacional, versión Untrefvirtual, Introducción.
[6]  Ramos, A., América latina: un país. Su historia. Su economía. Su revolución, versión UNtrefvirtual, p. 4
[7] Marechal, Megafón o la guerra, Sudamericana, Bs. As, 1970, p. 329. Graciela Maturo dice que Marechal intencionalmente incurre en anacronismos.
[8] Marechal, Megafón o la guerra, Sudamericana, Bs. As, 1970, p.25
[9] Marechal, L., Heptamerón, Sudamericana, 1966.
[10] Se refiere a los fusilamientos aplicados (vigencia por decreto ese día de la ley marcial) en 1956 luego de los levantamientos organizados contra la dictadura, donde es ejecutado el Gral. Valle junto a otros oficiales y civiles
[11] Marechal, Op.cit, p.36.
[12] ibídem, p.42.
[13] Ehrlich, L. “De la periferia al peronismo. Dos itinerarios en el cruce de lo político y las jerarquías intelectuales 1940-1960” en Intelectuales, cultura y política en espacios regionales de Argentina (siglo XX), Prohistoria, Rosario, 2012.
[14] Marechal, Óp cit., p. 54
[15] Ibídem, p, 57.
[16] Marechal, Óp. cit., p. 65.
[17] ibídem, p. 111
[18] ibídem, p. 114
[19] AAVV, Cacodelphia, Biblioteca Nacional, 2015.
[20] Marechal, Óp. cit., p. 109.
[21] Marechal, Óp. cit, p.86.
[22] Entrevista a Graciela Maturo en Revista, La quinta pata, Mendoza, 24 de abril de 2014.
[23] Marechal, L., El Banquete de Severo Arcángelo, 1965.
[24] Cabildo Abierto del 22 de agosto de 1951, convocado por la CGT, liderada por José Espejo, solicitándole a Eva Perón, conformar fórmula presidencial con Juan Domingo Perón y asegurar así la reelección. El lugar de la cita fue la Av. 9 de julio y Belgrano.
[25] Marechal, Óp. cit., p. 280.
[26] ibídem., p. 287.
[27] En el Banquete de Severo Arcángelo, se define como el Quemado Absoluto.
[28] Chávez, F., Pensamiento nacional. Brevario e itinerario, Nueva generación-Pleamar, 1999.
[29] De hecho, para 1984, una agrupación de estudiantes dentro del Profesorado Mariano Acosta toma su nombre.

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