domingo, 26 de julio de 2020

Poemas a Eva de Mario Sosa Tella



                                                       

Eva

como el labio quieto del volcán

entra en la ciudad

y arden en su centro las pasiones

y la voluntad



Eva

como el ala de la soledad

en la multitud

de maravillados indigentes

es la reina y es luz



Diamantes, alpargatas

y un lugar

para torcer el hambre más urgente

tanta rabia y amor



Eva

como el blanco de un odio infernal

puesto a madurar

en la sed de los terratenientes

almas turbias del mal



Eva

como leche, manzana y maná

madre popular

de los pobres y los insurgentes

tan argentina…



EVA PERÓN O LA CONSTRUCCIÓN DISCURSIVA EN TORNO AL ETHOS MISIONAL



RUBÉN FRANCISCO LASSO – MARTA ÁNGELA CAMUFFO

Pertenencia Institucional: UNTREF/ISP “Joaquín V. González” - UBA

El trabajo fue presentado en Primer Congreso de Estudios sobre el Peronismo:La Primera Década Organizado por la Red de Estudios sobre el Peronismo Mar del Plata los días 6 y 7 de noviembre de 2008.





INTRODUCCIÓN

La figura de María Eva Duarte de Perón ha sido identificada con la manifestación de los sentimientos.  Idea que remite a la concepción peronista de género, suponiendo cierta preponderancia de racionalidad, de parte de hombre y de intuición en la mujer.[1]  Aunque, en stricto sensu el discurso político no centra su estudio en cuestiones de género.
Los estudios en torno a Eva Perón son de diversa índole: según el parecer de personas de su entorno (Jamandreu, Lagomarsino de Guardo), o escritores que abordaron su vida desde diversas perspectivas ideológicas (Main, Sebreli, Borroni y Vacca, Navarro, Barnes, Chavez, Dujovne Ortiz); abordando algún aspecto de su accionar público (dos Santos, Bianchi) o privado (Sucarrat); e incluso, de modo colateral (Waldmann, Sigal y Verón, Crassweller).[2]
Distintas facetas de la personalidad de Evita se abordó la obra publicada acerca de ella.  Si bien esos estudios han tratado su palabra, quedó esta constreñida a la literalidad del texto impreso –el enunciado-, soslayando el análisis lingüístico de sus textos, que es el objetivo principal del presente estudio.
Este trabajo se enmarca dentro del análisis del discurso político, entendido como la posibilidad de construir un espacio simbólico para configurar identidades colectivas y resolver a futuro problemas del presente.  Conviene diferenciar enunciado de enunciación.  El primero alude al contenido del discurso, en cambio la enunciación es la relación del que habla con aquello que dice, construyendo dos imágenes: la del sujeto que habla –enunciador- y la de aquel a quien se dirige –destinatario.[3]
Al respecto, el discurso político no queda adherido a la palabra, interpretando la enunciación de raíz política como un elemento inscripto en una práctica social, circulando alrededor de cierto público y en relación con los vínculos de poder que se establecen.[4]
Los medios discursivos que se emplean para influir sobre el auditorio son, según Aristóteles, el logos (revela la razón), el ethos (imagen de sí) y el pathos (lugar de la emoción).  Del ethos participan tanto la persona real que habla –locutor- como aquello que representa en ese momento –enunciador.[5]  
Por ser la esposa del Presidente de la República, Gral. Juan Domingo Perón, Eva Duarte en su rol de locutor tiene derecho a la palabra y funda su legitimidad sosteniendo una presencia de carácter político.  Al no detentar ningún cargo en la esfera gubernamental, Eva Perón se constituye en un líder informal, entendiendo por tal al que ejerce un poder sin ocupar ninguna función informal en el Estado.[6]  También aparece otra realidad del hablante: aquella que permite la elaboración de una identidad discursiva; es decir, cierta figura del sujeto que enuncia.
La identidad del sujeto se vehiculiza por medio de representaciones sociales que configuran imaginarios socio discursivos, porque el sujeto expresa y pone en acción ideas que tienen valor no tanto por sí mismas, sino por el sujeto que las enuncia.  En consecuencia, el hombre político debe ser creíble, generar confianza en su poder de realización; y, a la vez, debe lograr la identificación hacia su persona obteniendo la adhesión a su pensamiento.
Existen diversas posibilidades para que el ethos se convierta en un discurso creíble y capaz de permitir la identificación.  Es propósito de este trabajo investigar qué particularidades del ethos se hallan presentes en el discurso de Eva Perón: y al mismo tiempo, cómo consiguió crear determinada imagen de sí que proyectó en sus receptores generando adherentes y opositores.
Nuestra hipótesis de trabajo sostiene que Eva Perón se constituye en tanto modelo a seguir, usando una metáfora, Evita se presenta como un espejo que el auditorio debe imitar.  Este es el ethos, la estrategia de su discurso político. 
Para su demostración, siguiendo a Charaudeau,[7] se abordarán procedimientos de orden lingüístico –expresivos y enunciativos- y estrategias –credibilidad e identificación- empleadas en la producción discursiva de Eva.

PROCEDIMIENTOS LINGÜÍSTICOS UTILIZADOS POR EVA PERÓN
Los procedimientos lingüísticos son, entre otros, aquellos capaces de producir un ethos., dependiendo de las circunstancias que presiden su empleo, por ejemplo: valores de época, situación de comunicación y personalidad del orador.  Pueden ser clasificados estos mecanismos lingüísticos en expresivos y enunciativos.  Los primeros tienen que ver con la forma oral de la palabra, pues cada locutor tiene su manera de comunicar, que a su vez se asocia con juicios intuitivos y representaciones.  En el político se distinguen como procedimientos lingüísticos expresivos, según Charaudeau, el “hablar”: “bien”, “fuerte”, “tranquilo” y “local”.

miércoles, 22 de julio de 2020

Epidemias, Pandemias y el sufrimiento de los olvidados por los poderes del capital


Mg Graciela Enria
Medica Pediatra, Epidemióloga. Profesora de Medicina y sociedad. Facultad de Ciencias Médicas. Investigadora del Consejo de Investigaciones CIUNR. Universidad Nacional de Rosario. Jubilada





DIONISIO es el dios griego de las epidemias. Según los relatos aparece de visita (epidemión), nada se sabe de su arribo, cuando se lo descubre ya ha dejado su devastación de enfermedad y muerte.
Dionisio ha llegado a Argentina y está actuando. Como siempre se ensaña en los territorios y con la población más vulnerable.
Esta situación, que en el lenguaje común se la enuncia como un hecho “natural”, ha sido abordada por las políticas sanitarias desde mucho tiempo atrás, muestra la importancia que reviste en las discusiones científicas.
Basados en las hipótesis de Hipócrates, Snow, Virchow, Guerín para citar algunos, comenzaron reuniones para negociar sobre las responsabilidades de las ocurrencias de afectación por enfermedades consideradas de los pobres o de los grupos que no aceptan las normas sociales: Lepra, Sífilis y demás infecciones de transmisión sexual (ITS), Tuberculosis, Chagas, Dengue, ahora el mismo vector suma Zika y Chicunguña, HIV/sida, sólo para nombrar algunas.

El concepto de CONDICIONES DE VIDA se tornó central. Max Neef (PNUD 1989) acuñó el concepto de necesidades básicas insatisfechas, y por fin comienza a circular un discurso que debió reforzar la palabra salud con el concepto de SALUD POSITIVA.
¿De qué estamos hablando? Salud no es ausencia de enfermedad (como lo enunciaran los egipcios), SALUD es un hecho positivo y significa la posibilidad de desplegar todas las oportunidades de la vida, con calidad; reconociendo los problemas que comunitariamente deben solucionarse, satisfaciendo como mínimo las necesidades básicas.



jueves, 9 de julio de 2020

Vivir en la villa miseria


Vivir en la villa miseria 1
Por Mara Espasande

Historiadora, directora del Centro de Integración Latinoamericana "Manuel Ugarte" de la UNLa Es Licenciada en Historia por la Universidad Nacional de Luján (UNLu) y Profesora en Historia por el Instituto Sagrado Corazón de Almagro y Se desempeñó como docente en Educación media y en institutos de formación docente de la Provincia de Buenos Aires y de CABA. En el ámbito universitario desarrolló su tarea docente en el Instituto de Servicio Exterior de la Nación (ISEN), la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Provincial de Ezeiza (UPE), la Universidad Pedagógica (UNIPE), la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (UPMPM) y la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV). Fue consultora pedagógica de la DINIECe, Ministerio de Educación de Nación, en evaluación de la calidad educativa en Ciencias Sociales. Ha publicado diversos trabajos sobre historia argentina y latinoamericana. Fue coordinadora del “Atlas Histórico de América Latina y el Caribe. Aportes para la descolonización pedagógica y cultural”, obra dirigida por Ana Jaramillo y editada por Edunla. Actualmente es profesora adjunta del Seminario de Pensamiento Nacional y Latinoamericano de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa) y directora del Centro de Estudios de Integración Latinoamericana “Manuel Ugarte” de la misma Universidad.





Introducción
 “Atención, porteño a esta Villa Miseria: cementerio de sueños de cabecitas negras. De aquí parte el grito, lamento profundo que marca un hito en la miseria del mundo. Es un grito de rabia de dolor y de pena, que bulle en la savia de nuestras venas. Dolor hermano de tierra adentro con la misma sangre que llevas adentro. Pena de sabernos por pobres, menos, y que quieren tenernos socialmente ajenos. Pero entiende antes: NO SOMOS PARIAS, somos inmigrantes en nuestra propia Patria.”  Chilimino (Poeta villero)
El poema presenta una problemática relevante en la historia argentina: la exclusión social encarnada en los habitantes de las llamadas “villas miseria”. En nuestra historia encontramos numerosos ejemplos que ilustran el sentir del poeta villero: la sociedad argentina en general y la porteña en particular han mirado con menosprecio a quienes llegan a Buenos Aires desde el interior buscando nuevos medios de vida. “Inmigrantes en nuestra propia Patria” representa el sentir de aquellos, que desde 1930, han abandonado su lugar natal añorando un trabajo y una vida más digna. 
Desde entonces, las villas miseria crecerán en forma permanente hasta nuestros días, develando las desigualdades y contradicciones de nuestra sociedad. Alicia Ziccardi las ha caracterizado como “enclaves urbanos de la pobreza”, que se constituyen a partir de “las particularidades de un conjunto de individuos y familias que participan de una común precariedad en la vivienda, una común ausencia de equipamiento colectivo, una común ilegitimidad en el uso del suelo encerrado en límites geográficos fácilmente perceptibles…”.2
El término “Villa miseria” aparece por primera vez en 1957 en la novela de Bernardo Verbitsky “Villa miseria también es América”, que denuncia el surgimiento de estos barrios miserables como consecuencia del empobrecimiento del país. El habitante de los asentamientos es -desde el comienzo- discriminado por su condición, tratado como intruso en la ciudad. Un vecino reflexiona “sentir que porque vivimos en una villa no somos menos que otros. Eso es lo difícil (...) Porque primero te discriminan y luego te autodiscriminás... Te lo marcan tanto que te lo crees.” 3                                       
Según el INDEC y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en 1993 la población de las villas en Capital no superaba las 52.000 personas; en los últimos datos oficiales del 2006 esta cifra se eleva a 182.577 personas 4.  También informan que el 61 % de los adultos de las villas son desocupados. No sólo aumentó vertiginosamente la cantidad de pobladores, sino que aparecieron ocho nuevos asentamientos: la zona más afectada el cordón sur de la Capital. El 95 % de las familias están ubicadas en terrenos insalubres, degradados o contaminados.
A partir del surgimiento de las villas miserias en 1930, en las distintas etapas de su evolución histórica, se modifica sustancialmente la vida de estos habitantes de las villas
miseria, y también del resto de los vecinos de la Ciudad de Buenos Aires. Las formas de organización social, la relación con el Estado, la Iglesia, los Partidos Políticos, el Movimiento Obrero y la sociedad en general fueron determinando la forma de vida peculiar de cada etapa de la historia argentina.
Analizaremos estas complejas relaciones a partir de un recorrido histórico desde la aparición de las villas miseria hasta la actualidad. Indagaremos la forma de vida de los habitantes de las villas miseria, su cotidianidad, sus ideas, percepciones, problemas y luchas.

La presencia del pensamiento nacional y el peronismo en Megafón o la Guerra



 Prof. Araceli Ibáñez
ISP Joaquín V. González
CEHPNAL



(El presente trabajo es una adaptación del escrito en el marco de la Maestría en Historia UNTREF N.d.R)

Introducción
Sabemos que muchas de las obras de Leopoldo Marechal están atravesadas por el peronismo como Antígona Vélez, El banquete de Severo Arcángelo, etcétera. Este trabajo no pretende ser una investigación original sobre la obra de Marechal, si no intenta ser una mirada más sobre la influencia del contexto histórico en los escritos del autor, puntualmente hacia el final de su vida con Megafón o la Guerra. La primera edición es publicada en julio de 1970 y la segunda en septiembre del mismo año por la editorial Sudamericana. En el espíritu de darle una impronta no fuertemente cargada de análisis o simbolismos previos, se decidió tomar la estructura narrativa y de análisis de Maturo sobre Leopoldo y Marechal. De esta manera se ensayará una suerte de estudio preliminar y acotado sobre los aspectos discursivos más salientes en la novela, que entraman una red de complicidad con el lector con respecto a la historia reciente del país y el pensamiento nacional.  Esto nos acercará al modelo también utilizado por Jablonka respecto a la relación causal entre narrativa e historia, la literatura como instrumento, como herramienta de la historia[1].
           Tampoco pretende ser un análisis de investigaciones previas, sino que se intentará hacer una lectura más sobre la relación entre: escritor, público, producción escrita, y categorías analíticas propias de las ciencias sociales (dictadura, censura, peronismo, revolución, etcétera). No tiene el objetivo de ser un análisis literario ni discursivo si no, como lo estructura Maturo, tomar esa colección de personajes imposibles y ubicarlos en los periodos históricos a los que metafóricamente o no, hace referencia el autor. Dice Maturo:
“Lo que se ignora o se echa en olvido es que Juan Domingo Perón había merecido ya una novelización importante en los años 70: me refiero a la novelística del llamado boom latinoamericano, y con anterioridad a este, a la narrativa y teatro de Leopoldo Marechal. No es este el momento de demostrar que el boom fue un operativo político-literario lanzado y publicitado alrededor de 1970, con anterioridad al retorno de Perón. Supuestamente había existido una reunión entre Perón o sus delegados con un grupo de escritores, auspiciada por el editor Carlos Barral. El operativo dio como resultado un grupo de novelas de diversa calidad, publicadas entre los años 1972 y 1975. Por mi parte, he dejado a otros esa investigación digna de hacerse y he preferido el análisis y la interpretación de las obras”[2].
Está enmarcada en una temporalidad que abarca el espacio comprendido entre 1955 a 1969, ya que la novela se sitúa en dicho trayecto. Y por último cabe preguntarnos si la obra de Marechal, por sus guiños hacia la militancia tiene carácter popular dentro del contexto de producción.  Cuando nos referimos a lo popular lo hacemos en relación a la elección de los personajes, su relación con el pensamiento nacional y a la épica que construye.

jueves, 25 de junio de 2020

Manuel Belgrano: mucho más que el creador de la bandera




Prof.Martin Fioretti[i]




El 20 de junio de 2020, se cumplieron 200 años del fallecimiento de Manuel Belgrano, uno de los máximos próceres de la independencia americana. La Historia Oficial lo ubicó, junto a José de San Martin, por encima de cualquier otro personaje histórico, haciendo hincapié en una de sus acciones más ilustres: La creación de la bandera nacional. Este hecho, muy importante para cualquier comunidad nacional, no fue lo único que hace destacar a la figura de Manuel Belgrano. Sus innumerables escritos y acciones son quizás más importantes, pero estas resultaban incómodas para la clase dirigente de fines del siglo XIX que construyó un relato histórico a imagen y semejanza de la oligarquía terrateniente.  
Manuel Belgrano fue parte del ala más radical del frente antiabsolutista que participó en la Revolución de mayo de 1810, sector que también integraba Mariano Moreno, Juan José Castelli, Domingo French, José de San Martín y otros. Este frente antiabsolutista era totalmente heterogéneo en sus objetivos, pero que iban desde llevar a cabo una ampliación de las ideas democráticas de la Ilustración europea y en ganar autonomía con respecto de la metrópoli.
Convengamos que la Revolución de Mayo no fue un proceso separatista, anti hispánico, realizado por la “gente decente” y que solo quería liberar el comercio en los términos que necesitaban los ingleses. Este relato que inculcó la Historia Oficial liberal mitrista, y que hoy está hecho carne en el sentido común y en los manuales de Historia, lo descartamos totalmente. La Revolución de Mayo, en el sentido historiográfico de Norberto Galasso y otros[ii], fue un proceso de ampliación democrática pero que no pretendía independizarse de España (por lo menos en un principio). Tampoco fue anti hispánico, pues en sus filas había nacidos en la península. Muchos menos elitista, pues la presencia de los “chisperos” French y Berutti habla de que la plebe urbana estaba del lado del frente antiabsolutista.
También decimos que la Revolución de Mayo fue un capítulo de la Revolución Española iniciada en 1808 tras la invasión napoleónica en la península. Cuando Napoleón nombra a su hermano José Bonaparte como rey de España, el pueblo español comenzó una guerra de liberación nacional contra los invasores. Inmediatamente se conformaron juntas provinciales elegidas democráticamente y comenzó un proceso de ampliación de las libertades civiles. Es decir, en España, de un proceso de Revolución nacional devino en un proceso de Revolución democrática.

jueves, 18 de junio de 2020

A 150 AÑOS DE CERRO CORÁ: EL “DELIBERADO EXTERMINIO” EN LA GUERRA GUASÚ

Prof. Viviana Civitillo
INDEAL - Facultad de Filosofía y Letras (UBA)











“La guerra empieza a ser un crimen desde que su empleo excede la necesidad estricta de salvar la propia existencia.  No es un derecho sino como defensa.  Considerada como agresión, es un atentado.  Luego en toda guerra hay un criminal.” [1]  


            El 1º de marzo de 1870, la persecución y magnicidio del presidente Francisco Solano López en Cerro Corá ponía fin a la Guerra de la Triple Alianza contra el Estado y el pueblo de la República del Paraguay. Una “guerra total” por más de una razón que constituye el último episodio de una larga contienda política y militar por la consolidación de las nuevas unidades políticas constitucionales rioplatenses en la segunda mitad del siglo XIX, devenidas del desmembramiento de los antiguos imperios luso-hispanoamericanos.  A diferencia de las guerras independentistas, no exentas de la crueldad, violencia y destrucción inherente a todo conflicto bélico, la Guerra Guasú materializa, en una región fronteriza del Cono Sur, los crímenes contra la humanidad que conlleva el “deliberado exterminio” que la caracteriza y que es posible de ser observado también en las operaciones técnico-militares desatadas por la expansión colonialista e imperialista del mismo período en las áreas “periféricas” del planeta.   
Se trata, entonces, -además de dar cuenta de los hechos criminales- de comprender la racionalidad histórica de la violencia política constitutiva de los Estados nacionales en (y no sólo) la cuenca del Plata,  habida cuenta de que la configuración territorial nacional, se resolverá, históricamente, de la mano de una alianza político-militar regional entre diferentes facciones partidarias que comparten y expresan un ideario liberal y que sólo logra imponerse militarmente al interior de sus propios territorios sociales -hoy Argentina, Brasil y Uruguay- y sobre una entidad estatal -hoy Paraguay- que, en la década de 1860, era la única que ameritaba su denominación como “nacional”. 
            En su Análisis de situaciones, señala Antonio Gramsci que el tercer momento de las relaciones de fuerzas “es el de la relación de las fuerzas militares” y  distingue en él dos grados: “uno militar en sentido estricto, o técnico-militar y otro que puede denominarse político-militar”[2].  Esta distinción nos permite un par de observaciones:  la primera es que  la Guerra Guasú es una “guerra total” no sólo porque habría significado “la extensión del campo de batalla a todo el espacio social”[3] sino porque el “deliberado exterminio” que implicó su resultado, requirió de la imposición de la fuerza técnica conjunta de una dirección político-militar formada por una facción política en el ejercicio del  gobierno del Estado en proceso de formación en el caso de Argentina –el mitrismo- y de Uruguay –el partido colorado de Venancio Flores-, y por la monarquía y el imperio del Brasil en el que, a diferencia de sus vecinos, el resquebrajamiento de su poder será consecuencia de aquel resultado;  la segunda, es que el carácter de esa “guerra absoluta” (como la denominaba  Clausewitz), en el contexto de la expansión colonialista de la “era del capital” (como Hobsbawm delimita el periodo que abarca desde las revoluciones del ’48  a la Comuna de París) requiere del exterminio.  Dice Luc Capdevila: “‘Exterminar’  va de la mano con ‘colonizar’ en la literatura colonial del siglo XIX … [y] … significaba en primer lugar la voluntad de reprimir un adversario empleando una violencia sin límites.”[4]   
            En el imaginario civilizatorio de la segunda mitad del  siglo XIX, en el espacio americano pos independentista se reproduce, por tanto, la misma práctica política de la colonización española: “civilizar significaba eliminar, sea por extinción física, sea por asimilación forzada, todos los obstáculos que se opusiesen al proceso de civilización.”[5]  
La historia política del periodo ha sido atravesada por el conflicto entre civilización y barbarie, de la mano de la idea de progreso como matriz del pensamiento liberal, constitutiva del universo ilustrado.[6]         También forma parte del mismo origen cultural y político –aunque de aplicación tardía- una “representación de la guerra, como pueblo en armas y lucha a muerte … en el imaginario de las élites políticas y culturales inspiradas por la Europa de las Luces en el siglo XIX … Las guerras imperiales llevadas a cabo en regiones remotas … hicieron de la masacre una parte acostumbrada del dispositivo militar de conquista”[7], razón por la cual la militarización formó parte de la naturaleza del régimen político en pos de la defensa territorial.  
Sin embargo, con excepción del Imperio del Brasil, ni la Argentina de Mitre, ni el Uruguay de Flores, habían logrado monopolizar aún el uso de la fuerza como razón de Estado.
El primero, enfrentaba a las montoneras federales que, aún en inferioridad de recursos técnicos, ofrecían resistencia armada a las intervenciones del gobierno central.  El segundo, en franco conflicto civil y amenazado por la intervención extranjera.
            En El crimen de la guerra, Juan Bautista Alberdi explora el origen histórico del derecho de
la guerra y su fundamento en el Derecho de Gentes: “… el derecho del homicidio, del robo, del incendio, de la devastación en la más grande escala posible … son crímenes … La guerra los sanciona y convierte en actos honestos y legítimos, viniendo a ser en realidad la guerra el derecho del crimen … El derecho de gentes que practicamos, es romano de origen como nuestra raza y nuestra civilización … [y] era el derecho del pueblo romano para con el extranjero.  Y como el extranjero para el romano, era sinónimo de bárbaro y de enemigo, todo su derecho externo era equivalente al derecho de la guerra.”[8] 
Ramón Torres Molina introduce el concepto de “deliberado exterminio” que se sustenta en el Derecho de Gentes, considerado en la modernidad como sinónimo  de Derecho Internacional.[9] Sería asimilable al que Daniel Feierstein define como “genocidio moderno”, entendido “como práctica social…cuya aparición definitivamente moderna se centra en los siglos XIX y XX.”[10]   Agrega Rafael Cullen: “Una práctica social implica un proceso que requiere, su gestación, su ejecución y su legitimación y consenso.”[11]
El objetivo reorganizador y los propósitos de la guerra ya estaban presentes catorce años antes de su inicio en 1865. Escribe Mitre sobre los orígenes de la alianza contra el Paraguay: “La alianza de 1851 [contra Rosas] es el punto de partida y la base sobre la que reposa la política liberal en el Río de la Plata ¿Qué nos falta para alcanzar los propósitos de 1851? Que las provincias de la República Oriental y el Paraguay se den gobiernos liberales regidos por instituciones libres. Viene ahora el turno del Paraguay”.[12]

domingo, 31 de mayo de 2020

El rol de las representaciones sociales en la construcción de liderazgos democráticos en la Argentina contemporánea



                      Rubén Francisco Lasso*


*Docente en el Instituto Superior del Profesorado “Dr. Joaquín V. González” y la Universidad Nacional de Tres de Febrero.



Introducción
La última dictadura militar supuso la suspensión tanto del estado de derecho como  del ejercicio de la práctica política partidaria. Los políticos fueron considerados por los uniformados como responsables de la crisis económica y la violencia social, que los últimos sostenían venir a resolver. En este sentido, los miembros del nuevo régimen reactivaban en el imaginario colectivo el modelo clásico instalado por ellos en el país, por el cual se atribuían el rol de reserva moral de la República, una especie de meta-grupo social no contaminado con la situación y sin intereses particulares,1 características opuestas a las que adjudicaban a los políticos.
Luego de los bíblicos siete años de vacas flacas que duró la última dictadura militar, la recuperación de la democracia se debió al fracaso del proyecto económico neoliberal, a la derrota frente a Gran Bretaña en la guerra de las islas Malvinas y a la difusión masiva de los crímenes cometidos, denunciados por distintos actores político-sociales desde el país como por los organismos internacionales de derechos humanos. Pero, ¿cómo encarar la nueva etapa que se iniciaba en la sociedad argentina?, ¿qué posicionamiento tomar frente a los temas cruciales de la reconstrucción democrática?, ¿cómo encarar la relación con las Fuerzas Armadas? y ¿cuáles eran las características y las necesidades de esa sociedad de la que formaban parte y a la que querían conducir? Tales interrogantes pueden develarse a partir los discursos de asunción de los presidentes que lograron ser elegidos por la ciudadanía, luego del último período dictatorial. Su análisis constituye el objeto de estudio de la presente investigación. La misma centrará su atención en cómo influyeron las representaciones sociales en relación con la democracia.
Se sostiene como premisa que las  representaciones  sociales  pueden  develarse  de las expectativas y temores presentes en los discursos presidenciales; que ellas están condicionadas por el contexto histórico en el que se produce la asunción a la primera magistratura del país; y que las mismas influyeron en la elección de determinadas estrategias discursivas y argumentativas. La transición de un período de facto a la democracia plena reclamó el desarrollo de un entramado discursivo que les permitiera a los actores políticos interesados en asumir la presidencia de la Nación resultar vencedores en la contienda electoral. El estudio de esas matrices discursivas permitirá observar cómo percibieron los mandatarios la sociedad y cómo las representaciones que tenían respecto de ella desencadenaron su discurso público.

El concepto de transición fue conceptualizado por Guillermo O’Donnell “como el intervalo que se extiende entre un régimen político y otro [delimitado] de un lado, por el inicio del proceso de disolución del régimen autoritario, y del otro, por el establecimiento de alguna forma de democracia…”2 Sin embargo, varios investigadores en la década del noventa observaron que un enfoque político-institucional se mostraba insuficiente y que era necesario incluir al proceso de transición el cambio de modelo económico;3 idea que surgió en ocasión de la crisis argentina de 1989 y que volvió a ponerse en evidencia en la acaecida en 2001, similares a las que acontecieron en otros países de la región. Así, y a diferencia de la idea sostenida por el prestigioso politólogo argentino, se piensa que debe replantearse la noción misma de transición, incluyendo al institucional los aspectos económico y jurídico. El último se propone agregar en este trabajo, pues se considera que la transición no concluye cuando asume un presidente por el voto popular ni porque se aplique una economía de desarrollo e inclusión social sino, también, cuando la Constitución regule  las relaciones sociales y, por lo tanto, los hechos criminales cometidos por el Terrorismo de Estado se juzguen de acuerdo a las leyes de la República, situación que aún no ha finalizado.4